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Alfonso y Sofía

Eran una pareja que pensaban que habían experimentado todo en materia de sexo, desde su juventud mantenían una relación muy madura y centrada, y ahora, casi bordeando los 40, formaban un hogar estable.  Para ellos una de las claves de esa estabilidad era la comunicación, el respeto y la intensa y abierta relación que tenían íntimamente como pareja, sexualmente eran muy activos, y al cerrar la puerta de su habitación se convertían en dos amantes desenfrenados dispuestos a complacerse mutuamente de todas las formas posibles y a disfrutar del sexo juntos sin inhibiciones.

Un día deciden que sería buena idea mostrar un poco de su intimidad en la Internet, habían visto que otras parejas de todas partes del mundo lo hacen así que se registran en un conocido portal web para swingers.  Los comentarios positivos y felicitaciones de otras parejas no se hacían esperar y eso provocaba que su deseo sexual se dispare aún más.  Un día uno de esos comentarios venía de otra pareja de su misma cuidad a quienes les habían gustado las fotos publicadas, mencionaban que tampoco tenían mucha experiencia como swingers y los invitaban a conocerse mejor.  Ellos, con el debido recelo, accedieron, ya que también consideraban muy buenas sus fotografías y parecía que sus admiradores eran también una pareja que compartía su misma forma de pensar.

Al principio, la amistad se limitaba a intercambiar correos y fotografías privadas.  Entre ellos pedían que la otra pareja hicieran algo original en materia de sexo y se complacían, las peticiones iban y venían y cada vez había más confianza entre todos.  No tardaron en sugerir que debían conocerse en persona y formalizar su relación como amigos la cual había surgido de una forma tan peculiar.

Se citaron en un bar de la localidad, la primera reunión no fue lo que ellos esperaron, un poco fríos, apáticos, y hasta nerviosos, no estuvieron ahí ni una hora y se despidieron.  Parece que eran amigos que tenían química solo en Internet ya que las fotos y videos siguieron yendo y viniendo después de ese primer encuentro.  Decidieron darse una segunda oportunidad la cual fue definitivamente mejor que la primera, inclusive dejando abierta la posibilidad de reunirse en privado.  Las dos parejas se siguieron viendo con relativa frecuencia siempre en lugares públicos hasta que un día, en vez de despedirse e irse cada uno a sus hogares, decidieron continuar la reunión en un motel.

Ya en el lugar los nervios se volvieron a apoderar de ambas parejas, pero poco a poco todos se sintieron más relajados y trataron de disfrutar el resto de la velada.  Ambas parejas eran maduras y sabían lo que querían, una cosa era el intercambio de material sexual por Internet otra era vivir en persona la experiencia de ver y ser vistos.  El apoyo mutuo entre los esposos fue fundamental para vencer los miedos y prejuicios y poco a poco las dos parejas se veían en una situación de sexo en grupo que la encontraron muy estimulante y enriquecedora.  Si bien en este primer contacto sexual solo hubo sexo entre las parejas, el morbo de sentirse en la misma habitación con otros amantes los hizo disfrutar del sexo en una forma distinta y así mismo fortalecer su relación como cónyuges al vencer miedos y prejuicios.

Luego de ese encuentro, y a pesar de que para todos la experiencia fue muy positiva, las dos parejas nunca más se volvieron a ver y nunca más toparon el tema ni siquiera en la Internet.  Alfonso y Sofía comprendieron que el sexo en grupo es una decisión que se toma y se disfruta en pareja y lo que habían vivido ese día había sido suficiente para ellos, por lo menos, hasta ese momento.

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La Llamada

Su vida transcurría de lo más monótona y aburrida, levantarse todas las mañana, dejar a sus hijos en el colegio, un cómodo trabajo de oficina, pilates por la tarde, una cena tranquila en casa no le daban las emociones que buscaba. Bordeando casi los 40 años, veía poco a su esposo quien viajaba mucho por trabajo, y si bien eso pagaba las cuentas y daba tranquilidad, se sentía un mueble más en la casa.

Un día, en una de tantas reuniones entre sus amigas, en las que los chismes y la superficialidad estaban a la orden del día, escucha a una de ellas mencionar sobre los servicios de “compañía” que existen en las ciudades más cosmopolitas del mundo, y aunque estos servicios son brindados mayoritariamente por mujeres, es bien sabido que existen hombres que también prestan estos servicios.  Entre risas y burlas hipócritas, ella no lo consideró tan descabellado.

Al día siguiente no le fue difícil encontrar más información, anuncios en periódicos y en las redes sociales fue suficiente para darse cuenta de la variedad de servicios que se ofrecían a la clientela más exigente.  De entre todas las opciones, le interesó un chico, llamó al número celular y una voz masculina y joven contestó, ella con mucha vergüenza cerró. Era lo más emocionante que había hecho en mucho tiempo pero no tuvo valor en ese momento para hablar. Después de unas horas, volvió a llamar:

– “Hola”

– “Hola, perdón eres Pedro? llamo por tu anuncio”

– “Si, soy Pedro, cuéntame que puedo hacer por tí”

– “No estoy segura, es la primera vez que llamo a estos números, no se que decir”

– “No te preocupes, eso es normal, si quieres podemos conversar en este momento o si quieres también puedes llamarme más tarde, tal vez si lo piensas bien puedes estar segura de lo que quieres”

Ella cerró, le encantó la gentileza y caballerosidad de su voz, esa noche lo pensó mucho, tantos años de matrimonio, de respeto y fidelidad, se veían ahora tan frágiles, ella, una mujer madura y con experiencia se veía envuelta en una travesura de juventud, todavía sentía las cosquillas en su vientre al atreverse a hacer esa llamada y entre risas se preguntaba como pudo haberlo hecho.  Algo emocionada, estaba decidida a no seguir más con esa locura. Aunque lo intentó, no pudo borrar ese número celular, quién sabe si más adelante cambiaría de opinión.

La Instructora de Aerobics

Eran las 06h00 de un día viernes y la alarma de mi despertador sonaba como todas las mañanas, había tenido un sueño reparador así que me sentía fresca y animada, miré a la ventana y vi los primeros rayos de sol que indicaban que iba a ser un día caluroso, decidí tomarme 5 minutos más y jugar un poco conmigo misma en la cama, después de todo hace más de un año que había terminado con mi novio y no me quedaba otra opción que calmar personalmente mis deseos sexuales, lo hacía con frecuencia. Suavemente acaricié mis senos y mis pezones no tardaron en endurecerse, con una mano los masajeaba delicadamente mientras la otra bajaba y se introducía en mi interior que ya empezaba a mojarse. Mi vagina abierta y húmeda dejaba ver mi clítoris que brotaba de ella, lo empecé a acariciar lentamente en movimientos circulares. Ya muy caliente, me quité el pijama, el interior y seguí con mi juego que me hacía retorcer de placer. Después de unos minutos, terminé de una manera tan intensa que mojé las sábanas más de lo normal, tuve que seguir masturbandome porque la excitación no paraba y los orgasmos venían uno tras otro. No era muy usual, pero me encantaba cuando así pasaba. Luego de eso me di una ducha fría, me puse mi indumentaria de trabajo, desayuné y salí al trabajo pensando en el maravilloso buenos días que yo misma me había dado, algo me decía que ese día mi cuerpo pediría más.

Llegué al Gimnasio justo a tiempo para la clase de aerobics de las 07h00 y ya mis clientes me estaban esperando. Buenos días Vanesa, me iban diciendo, Buenos días, contestaba. Justo a tiempo, me dijo una clienta, Si, hoy se me pegaron un poquito las sábanas, contesté un poco ruborizada, todos tomaron sus ubicaciones y empezamos la clase, poco a poco el gimnasio se empezaba a llenar. Instructores, terapistas, masajistas, empleados y clientes madrugadores empezaban a utilizar las máquinas de fitness, y es que en realidad las horas de la mañana antes de la jornada laboral, son muy congestionadas en los gimnasios de la ciudad y el día empezaba como cualquier otro. De repente ella entró y por primera vez la vi.

La noté nerviosa, vestida con indumentaria deportiva se acercó con sus cosas al área de aerobics donde yo estaba y se quedó en la parte de atrás a observar la clase. Ella me vio, la invité a que participe con nosotros, sonrió y con un gesto me hizo entender que esperaría a que termine la misma. Mientras seguía con mi trabajo, noté que no me quitaba la mirada. Al principio me sentí muy incómoda pero conforme pasaban los minutos me iba relajando y no permití que eso me afectara. Al recibir una llamada en su celular, empezó a caminar mientras conversaba. Aproveché para verla con ojos críticos, típicos de las mujeres cuando nos hacen sentir incómodas. Era alta, una figura esbelta y una linda sonrisa, y yo, sabiendo que soy una mujer con muchos atributos, no podía dejar de reconocer que ella también los tenía.

Al terminar la clase despedí a mis alumnos y noté que se acercaba, me sentía nerviosa, – Hola, tu debes ser Vanesa – me dijo mientras me estrechaba la mano, – ¿me conoces? – contesté y devolví el saludo, – no en realidad, me llamo Alicia, soy la nueva instructora de aerobics en el turno de las 08h00 – me dijo, me sentí más tranquila y le dije – supe que estaban buscando a alguien pero no creí que la encontraran tan rápido – Charlamos brevemente por unos 5 minutos y le dije que estaría en el gimnasio unos minutos más por si necesitaba algo, me agradeció y la dejé que empiece con su clase. Mi trabajo de oficina empezaba a las 09h00 así que tenía algo de tiempo y me quedé a ver su clase, era realmente buena como instructora, mientras estaba ahí nuestras miradas se volvieron a encontrar pero ahora no sentía ninguna incomodidad.

Ya en la oficina, hubo una conversación acerca de parejas homosexuales y yo empecé a fantasear con ella, que me pasa? estoy loca?, pensaba, a mi me gustan los hombres!, me repetía una y otra vez mientras me acordaba de las maravillosas horas de sexo con mis anteriores novios. Me acordaba también de aquel beso que nos dimos en el baño con mi mejor amiga cuando éramos adolescentes en aquella fiesta del colegio, estábamos borrachas y no podíamos parar de reírnos. En ese entonces pensé que era una locura más de juventud, pero ahora los recuerdos volvían y por momentos fugaces me imaginaba besando a Alicia. Me reía pero no le di mayor importancia. Tengo que conseguir un novio YA!, pensaba.

Mientras transcurría la mañana, trataba de que mis extraños pensamientos no interfieran en mi aburrido trabajo de oficina. Al medio día recibí una llamada: – Aló – dije, – Aló, Vanesa? – me dijo, – Si –, contesté, – quién es? -, – Soy Alicia, nos conocimos esta mañana en el gimnasio -, me sentí nerviosa al oir su voz y pensaba: “definitivamente estoy loca”, – cómo así me llamas?, cómo conseguiste mi número? – le dije, – Está en tu agenda de apuntes, la dejaste en el suelo esta mañana después de tu clase –, me dijo, – no es algo que una chica como tu debería dejar olvidado, y menos con su número celular –, acotó. Rápidamente busqué mi bolso y efectivamente no tenía mi agenda, – tienes razón, como pude dejar olvidada mi agenda -, le dije, – no te preocupes, solo quería que sepas que la tomé yo, si quieres te la puedo devolver el lunes en el gimnasio o si es muy importante la puedes venir a ver a mi oficina – me dijo, – mmm – hice un silencio, no sabía que decir, al notar mi duda ella agregó – Que tal si almorzar juntas, no tuvimos tiempo de charlar más esta mañana –. Estaba a punto de contestar “gracias, me la devuelves el lunes”, cuando por alguna razón dije: – claro, podemos almorzar juntas, me urge mi agenda –, por supuesto estaba exagerando.

Nos citamos en un centro comercial y buscamos un lugar nada especial, mientras caminábamos, notábamos en los hombres miradas de deseo, y en las mujeres, de envidia, ya estábamos acostumbradas, después de todo éramos 2 instructoras de aerobics en ropa casual y no pasábamos desapercibidas. Mientras almorzábamos, conversamos de todo, temas profesionales y de nuestra vida privada, las dos estábamos solas y teníamos vidas muy similares. Mientras charlábamos mis ojos la veían de una manera especial, una sensación tierna y excitante a la vez y sentía que era correspondida. Al momento de despedirnos me dice: – La he pasado muy bien contigo hoy, espero que no sea la primera de muchas veces juntas -, se acerca para despedirse con un beso, toma mi mano y me entrega una nota. – Léela cuando llegues a la oficina – me dijo, por supuesto no esperé tanto, la nota decía: “Salgamos esta noche”

En la tarde no podía dejar de pensar en ello, qué debía hacer? hasta donde llegaría este juego aparentemente inocente? Porqué me sentía atraída por otra chica cuando siempre he estado segura de mi sexualidad? Porqué esa atracción había sido tan repentina? Sentía que tenía que verla esa noche y aclararle de una vez por todas que soy heterosexual, que me fascinan los hombres, decidí enviarle un mensaje aceptando su propuesta y nos pusimos de acuerdo con el lugar.

En la noche me vestí muy sexy y atrevida, como si tratara de conquistar al mejor chico del bar, aunque en realidad quería verme bien para ella. Las dos llegamos puntuales al lugar, nos sentamos en la barra y pedimos un par de cócteles. Mientras conversábamos sentíamos las miradas de todos los chicos del lugar, a nosotras no nos interesaba, estábamos animadas y encantadas con la velada. La noche se iba entre tragos y risas y el bar ya estaba por cerrar, – seguimos en mi casa? – me dijo, – tengo una excelente botella de vino y buena música –, siguió, – Anímate, solo estaremos tu y yo, mañana no tienes que trabajar -, lo pensé un poco pero al final acepté.

Mientras íbamos en el taxi, tomó mi mano y no pude ocultar mi nerviosismo, no estaba segura de lo que pasaría pero era obvio que algo más que una simple amistad se estaba tejiendo. Se acercó a mi oído y me dijo, – no tengas miedo, nadie te va a entender mejor que otra chica –. Al llegar a su casa pusimos música, destapamos la botella de vino y nos sentamos a conversar en el sofá, a los 5 minutos aprovechó un descuido mio para acercarse y besarme, al principio la rechazaba pero poco a poco los besos se hacían más intensos. Delicadamente empezó a acariciar mis senos y sentía una mezcla de dudas y excitación, luego empieza a bajar el cierre de mi blusa y para ese entonces ya estaba muy caliente, aún así alcancé a decirle – esto no está bien, apenas te conozco y además somos mujeres –, ella contestó, – y siempre lo seremos corazón –.

Poco a poco nos fuimos despojando la ropa que ya empezaba a estorbar. Nos recostamos en el sofá y seguimos besándonos mientras nos quitábamos lo poco que quedaba. Completamente desnudas nos turnábamos para besar nuestros senos, al mismo tiempo toma mi mano, la coloca en su vagina y la empiezo a acariciar, ella hace lo mismo, – estás muy excitada –, me dice notando lo mojada que estaba. Recorriendo mi cuerpo, empieza a lamer mi vientre y baja lentamente hasta encontrar mi clítoris que estaba de lo más hinchado y brotado, ningún hombre me había hecho sexo oral de esa forma, y mientras lo hacía, veía como se masturbaba, eso me excitaba más. Luego de unos instantes, se coloca encima mio en posición 69, no me fue difícil complacerla también, quien mejor que una chica para saber donde dar placer a otra. Entre gemidos y caricias no nos costó mucho tiempo llegar al orgasmo juntas. Esa fue el primero de muchos más que hubieron esa noche.

En la mañana siguiente nos bañamos y desayunamos juntas, conversamos y acordamos no volver a mencionar el asunto, debíamos darnos tiempo para pensar si lo que había sucedido fue un impulso espontáneo de sexualidad femenina o si algo realmente especial había pasado entre nosotras las últimas 24 horas. Ella estuvo de acuerdo, me prestó algo de ropa, y me despedí de ella. Al medio día la llamé para decirle que esa noche la esperaba en mi casa, ella me contestó – Sabía que llamarías –

Erotismo Ancestral

Ondulantes y sugestivas bailarinas, en espectáculos públicos o privados, fueron el centro de atención de miles de hombres desde el comienzo de la historia, concretamente en la Grecia antigua, el imperio romano y el medio oriente, cuerpos cimbreantes y semidesnudos se movían rítmicamente y liberaban las fantasías de sus observadores, despertando en ellos su lujuria y sus más bajas pasiones.  Al inicio de nuestra era, las puellae gaditanae (bailarinas formadas en el sur andaluz) montaron en Roma compañías que acudían acompañadas de músicos a fiestas contratadas  por hombres ricos o a espectáculos públicos, estos grupos de músicos y provocativas danzantes cultivaban en las capitales imperiales con sus cantos y bailes incitantes, que en algunos casos servían como aperitivo de orgías desenfrenadas de reyes y emperadores.

En otras latitudes del mundo, algo similar sucedía con las danzas árabes, aunque estas ultimas con una carga de erotismo más sofisticado, donde los velos transparentes jugaban un papel especial.  En los prostíbulos franceses a finales el siglo XIX  existía el “servicio” en el que los clientes podían mirar de manera abierta, algunos hombres llevaban a sus esposas a los burdeles a ver espectáculos eróticos, con la intención  de desinhibirlas y estimular su sensualidad, luego las convencían para que se acostaran con otros clientes mientras ellos observaban atentamente, si no tenia pareja, pagaban a una prostituta y la ofrecían gratis a otro hombre con la única condición  de poder mirar como mantenían relaciones sexuales.

Con el éxodo masivo de muchos europeos a América entre los siglos XVIII y XIX, muchos de estos espectáculos empezaron a popularizarse también en nuestro continente y ya para inicios del siglo XX eran ampliamente conocidos en las grandes ciudades.  Las primeras fotografías con temas pornográficos datan de los años 20, mientras que las primeras producciones fílmicas en ese género empezaron en los años 60s y se afianzaron en los 70s con la mundialmente famosa Garganta Profunda de 1972.

Sexo en la Oficina

Esta frase que suena tan excitante y que a menudo se relaciona con las fantasías más comunes de hombres y mujeres, se da en nuestro medio con mucha mayor frecuencia de la que se cree.  Lo que alguna vez empezó con un sutil cruce de miradas, una conversación en la cafetería o en los pasillos, ese inocente almuerzo o ese baile en la fiesta de fin de año, puede terminar en relaciones tan intensas, capaces de perdurar por años.  Parejas de enamorados incógnitos, que se conocieron en horarios laborables, dan rienda suelta a su lujuria en lugares tan extraños como baños, cuartos de limpieza, cuartos de máquinas, parqueaderos, terrazas, o aquella oficina abandonada de la que nadie se acuerda.  Ante el resto de sus compañeros a duras penas se saludan, pero basta un mensaje al celular, un correo personal o una simple señal corporal, para que los infractores coincidan en el lugar habitual donde puedan intercambiar caricias, devorarse a besos y morderse los labios, para no gritar al momento de terminar juntos en un inolvidable orgasmo.  No importa lo que diga la gente, tarde o temprano su idilio será conocido por los empleados y empleadores, y los amantes, quienes tienen mucho que perder, nunca podrán olvidar los intensos momentos de pasión, sexo y adrenalina pura, fruto de la atracción que nació entre reuniones, tareas, papeles y el estrés cotidiano de la oficina.