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El Bizarro Juego de Dolor por Placer

El juego dominación – sumisión se nutre de palabras, actitudes o elementos y cada uno de ellos ofrece un abanico de distintas posibilidades para crear situaciones diferentes y variadas. Es evidente que estas propuestas solo se entienden en clave lúdica y dentro de un contexto determinado y consentido que le quita a las palabras y las actitudes el sentido y el poder agresivo que tienen en relaciones reales.  La supremacía se demuestra a veces através de las palabras, influyen desde el tono de la voz hasta el tipo de palabras empleadas: insultos, vocablos humillantes, tonos imperativos y bruscos, frases amenazantes. La fuerza que tiene las palabras, su significado y la intensidad o el tono burlón, imperativo o enérgico suelen disparar por si solas la excitación de quien las pronuncia y de quien las recibe.

Cuando a las palabras se suman actitudes, se toman decisiones, por ejemplo, trasladar el juego a sitios públicos. La relación dominante – sumiso continúa en las mismas condiciones con un hecho adicional importante, ya no se limita a la privacidad, sino que se traslada aun escenario público en el que la acción se desarrolla delante de desconocidos que ignoran los códigos de la relación. Esto supone un paso mas en los niveles de excitación perseguidos por los amantes, sube la adrenalina y las cotas de placer se disparan.  Este aspecto atractivo del juego se puede dar mediante las palabras, mediante órdenes concretas.

Pero a las palabras  y las actitudes también pueden sumarse elementos que ayudan a la representación de escenas concretas donde los papeles de dominante y sumiso quedan de manifiesto. El uso de mordazas para privar de la palabra al dominado y dejarle claro que su voz no tiene importancia, o el uso de riendas y frenos para jugar a montar, o mascara, capuchas  u otros elementos que en ocasiones hacen que la situación, previamente consentida, caiga en la humillación del sumiso.  No necesariamente del estado de subordinación debe pasarse al de la humillación, pero a veces ese paso se busca como un nuevo registro del placer.

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